Construimos sitios para negocios que necesitan uno que funcione. No una plantilla con tu logo encima, y no un proyecto que se queda parado tres meses esperando contenido.
La mayoría de los sitios malos fallan en el mismo punto. Alguien oye hablar de ti, busca tu nombre y encuentra un sitio que carga lento, actualizado por última vez hace cuatro años, con un formulario que no lleva a ninguna parte. Esa persona no te lo dice. Pasa al siguiente resultado.
Así que las preguntas que nos importan son sencillas: qué escribe tu cliente en Google, en qué página tiene que aterrizar, y qué necesita leer antes de coger el teléfono. El diseño sirve a eso. No lo dirige.